sábado, 1 de junio de 2019

OPINEMOS X10


FLORES COLOMBIANAS: EL REGALO PARA UNOS Y LA  EXPLOTACIÓN PARA OTROS
A propósito del día de San Valentín que se celebrara este 14 de febrero en más de 15 países alrededor del mundo, y donde Colombia exportara cerca de 600 millones de flores este año.

No es de desconocer que el mercado de la exportación y producción de flores en el país es un gran negocio, sobre todo para las pocas empresas que tienen acaparado este sector. Es que según la asociación gremial de los floricultores (Asolcolflores) la exportación de este producto llega a más de cien países del mundo, con más 250.000 toneladas de flores en el cargamento de exportación anual, en el último año este sector creció 5.1%, y en 2017 se exportaron cerca de 1.400 millones de dólares, todos estos datos argumentando la segunda posición de Colombia a nivel mundial de producción y exportación de flores, por detrás de Países Bajos. Como todo negocio siempre hay altibajos y crisis, pero partiendo de los anteriores datos, y en términos de rentabilidad, este sector es al que mejor le va, sobre todo a aquellos empresarios que ven en un detalle, como las flores, el mejor lucro para sus ambiciosas y loables pretensiones.

Sin embargo, y a pesar de que este sector crezca, sea competitivo y rentable en términos económicos para unos, no necesariamente lo es para todos, ese (todos) entendido a aquellos trabajadores, sobre todo mujeres que hacen parte de la fuerza laboral de esas empresas y del sector floricultor del país, esos trabajadores que se encargan prácticamente de todo el proceso de producción de este digno producto, pero que infortunadamente se ha convirtió en un sector un tanto coqueto con la explotación, esta entendida como aquella instancia que prima el lucro, por encima de la humanidad, esa que se ciega ante las necesidades del trabajador, esa que niega el derecho a la dignidad y sobre todo a ese que le encanta el discurso del salario mínimo, la eliminación de las horas extras, el aumento de la edad de jubilación, la extensión de las ocho horas y la alienación social, todas aquellas peligrosas propuestas de la derecha y sus políticos de turno, y donde Colombia muy bien se acostumbró.
Según el informe de (Asocolflores) el sector genera alrededor de 140.000 empleos directos, donde cerca del 64% son mujeres, sobre todo cabezas de familia, además de 18.000 empleos indirectos claves y necesarios para el proceso de este producto, no obstante, más allá de estas cifras, que pueden ser ciertas, no necesariamente la cantidad es reflejo de calidad laboral, y donde en Colombia poco de eso hay.
Revisando varios portales web y bolsas de empleo, que resultan, en algunos casos siendo las intermediarias en la adquisición de un empleo para los que lo necesitan, en este sector: (sobre todo mujeres, campesinos y jóvenes) evidencie, que por un lado en las publicitadas ofertas, unas empresas ofrecen trabajos como operarios y supervisores de cultivo, con una asignación salarial de menos del salario mínimo legal vigente para este año (828.116), con horarios que oscilan a más de ocho horas, sin seguridad social y lo requerido por la ley (salud, pensión, cesantías), otras tienen ese contrato de la esclavitud, el llamado por prestación de servicios, otros imponen a sus trabajadores llegar desde las tres de la mañana y salir al medio de día, eso sin contar que para estas fechas el horario, la carga y en muchos casos la explotación es más recurrente, ya que llega la temporada donde el amor se convierte en objeto del mercado y donde muchas o muchos esperan que con unas flores se compruebe este sentimiento, que para mí va más allá de aquellos pétalos de decoración de cementerios.

En el año 2014 la Asociación Paz con Dignidad y su investigadora Erika González publicaron un informe titulado: ‘’Las mujeres en la industria colombiana de las flores’’, donde en este vislumbraba todo el negocio mundial de las flores y sus efectos en la economía de Colombia, pasando por los derechos y la dignidad de sus humildes y nobles trabajadores, sobre todo de campesinos y madres cabeza de familia, especialmente de las zonas de sabana, que han sido víctimas de un sistema de tratados de libre comercio, el neoliberalismo y la precarización de los puestos de trabajo, esos que según este mismo informe, llevan a la indignidad, desigualdad de género, explotación laboral, alienación social y humillación por ser parte de aquel trabajo que no hace firmar contrato y así escatimar gastos que la misma ley le exige tener.

No cabe la menor duda que debe haber empresas en este sector que respete la ley, dignifique el trabajo de sus empleados y ante todo haga primar la calidad humana por encima de un negocio redondo que ha dejado ciego a más de un lobo empresario, esos que consideran el discurso del trabajo digno como una simple pataleta de la izquierda, sabiendo que la dignidad humana no tiene partido o ideología política, y es más bien una necesidad obligatoria de todos y para todos. Sin trabajadores no hay empresa y sin empresarios no hay trabajadores, todos dependemos de todos, pero no a cualquier precio. Debemos procurar que el trabajador tenga las garantías, la calidad y la dignidad laboral que exalte su humanidad, y así evitar que mientras usted recibe una flor como regalo, otros tengan que sentir el golpe de los pétalos de la explotación a su labor.






OPINEMOS X9


EN COLOMBIA LA JUSTICIA TRAS DE QUE COGEA Y NO LLEGA, SE EQUIVOCA
A propósito de las dudas sobre la culpabilidad del único capturado por el atentado a la Escuela General Santander.

Uno de los bienes inmateriales más preciados de cualquier sociedad e individuo es la justicia, un término necesario para impartir y generar convivencia entre los hombres, delimitar acciones y sancionar según corresponda. No es de desconocer que este término es muy difícil de definir, siendo a la vez abstracto y complejo en su ser, sobre todo en las pretensiones, expectativas o niveles de justicia que desea el que la requiere o necesita. Tampoco es de obviar que muchos han pretendido ver o confundido a la justicia con la venganza y que han tomado ‘’justicia’’ por su cuenta, como normalmente pasa en Colombia, no obstante este artículo no hablara de eso, porque si fuera así nos daría esta vida y la otra.

Hace ya varios días los colombianos quedamos perplejos ante el resurgimiento de esa historia innegable y vergonzante de violencia, muerte y desesperanza que ha vivido nuestro país por décadas, les hablo del vil atentado terrorista a la Escuela General Santander perpetuado por la guerrilla del ELN, dejando a su paso una veintena de muertos, casi todos jóvenes y con sueños como los que tenemos ustedes y yo, pero que gracias a la sociedad psicópata que tenemos, quedaron dominados por la muerte, la desesperanza, la incertidumbre, y sobre todo por la injusticia, todas estas necesarias y útiles para aquellos discursos lucrativos de la guerra esos que saben muy bien utilizar algunos políticos en Colombia y para aquellos medios de comunicación que las practican como instrumento de rating para sus desgastados noticieros.

Muchos ahora se preguntaran el por qué refiero que habría injusticia en el anterior caso, sabiendo que lo último que se conoce, gracias a nuestros medios de comunicación, es que las autoridades competentes lograron identificar, ´´plenamente´´ al autor material del hecho, además de lograr la captura de un hombre, que supuestamente la fiscalía es otro de los directamente culpables e implicados en ese inhumano y condenado hecho. Sin embargo, a pesar de que lo anterior es una ‘’realidad’’ que de una u otra manera es palpable ante los ojos de muchos, desafortunadamente, y gracias a muchas incoherencias, inconsistencias y dudas que últimamente han surgido de este caso, lo que puedo decir, es que la injusticia es lo único que se ha podido vislumbrar hasta el momento, ya que por un lado los autores intelectuales, que ellos mismos lo reconocieron siguen en vacaciones en Cuba, y por el otro hay muchas piezas faltantes en las investigaciones que lleva a cabo el desprestigiado fiscal y la entidad a la que preside. Todo lo anterior generando que las familias de las víctimas no han hayan podido saber o conocer a ciencia cierta, eso que en otras respetables sociedades es una impronta de la democracia, la justicia, pero que en Colombia como siempre se quedó cogiendo, siendo injusta y equivocándose.

Digo equivocándose, porque a pesar de que el errar es una condición natural de todo ser humano, para mí cuando se habla de las instituciones que dirigen la justicia de un país, esto no debiese suceder, y más cuando sus improvisados, dudosos y poco rigurosos veredictos ocasionan daños a la moral y buen nombre de los presuntos culpables, implicados, victimarios, que resultaron siendo inocentes, y que solo fueron un medio o ficha para satisfacer el poder de los que dominaban la justicia, para justificar la supuesta agilidad de sus dirigentes e instituciones y para lograr saciar la sed mediática de algunos medios de comunicación, esos que revictimizan, imparten culpas sin ser jueces y señalan como si fueran curas.

Ahora muchos estarán pensando que estoy pasando como abogado del diablo y que lo anterior es muestra de que estoy defendiendo como muy bien dice su nombre, a los presuntos implicados de ese vil atentado, Dios me libre, lo que quiero defender es a la justicia, esa instancia necesaria para poder vivir tranquilamente en un mundo convulsionado por la intolerancia y los fanatismos, esa que imparte lo que corresponda a las partes, esa que debe ser neutral y ecuánime, esa que debe garantizar respeto por los derechos, esa que se supone que no se debería equivocar ya que podría generar la injusticia con aquel que se señaló apresuradamente como culpable, victimario y el malo del paseo, pero que desgraciadamente a Colombia le quedo grande.

Finalmente hemos podido conocer que los hechos de ese atentado todavía presentan incoherencias y dudas, sobre todo cuando se habla del hombre capturado, ya que por parte de la defensa y familia de este se ha demostrado y rebatido algunos de los argumentos de las autoridades (fiscalía) que se habían pasado como pruebas reinas, pero que al día de hoy lo único que se puede observar es incertidumbre, y sobre todo afán por parte de la justicia para que este hombre se declare culpable. Todo esto me llevo a recordar a casos muy parecidos, que fueron objeto mediático, manipulador, apresurado e injusto por parte de las autoridades, el gobierno, los medios de comunicación y la sociedad, cuando se culpabilizaba a personajes como Sigfredo López por ser supuesto autor de la muerte de sus compañeros de la asamblea del Valle, pero resulto siendo un inocente culpado injustamente, o de Mateo Gutiérrez un joven que fue considerado autor de los atentados del centro comercial Andino, pero también resulto absuelto y libre el año pasado y por ultimo el caso de don Alfonso Gutiérrez, un hombre que paso injustamente más de once años en la cárcel siendo culpado de terrorismo, pero resulto declarado inocente y víctima de una justicia que tras de que cojea y no llega, se equivoca.

OPINEMOS X8


DUQUE Y SU PRIMERA MASACRE: LAS PALABRAS TIENEN PODER
A propósito de la objeción de la ley estatutaria de la JEP por parte del gobierno, y del nuevo plan nacional de desarrollo que poco o nada habla de la paz.

Es realmente importante reconocer en la historia la relevancia del lenguaje y las palabras como fundamento real y tácito del proceso de construcción y comunicación humana, donde gracias a esa comunicación expresada en el lenguaje, su narrativa y sus palabras, lograron darle identidad, apropiación y sentido a las comunidades. Un ejemplo claro de lo anterior sucedió con nuestros indígenas y minorías de la época de la independencia, cuando estos, y gracias a sus luchas pudieron acceder a aquel lenguaje que había sido convertido en un privilegio para los que ostentaban y malversaban el poder, y que estos no entendían, ni mucho menos conocían, ya que nunca habían tenido el gusto de saborearlo, y por ende disfrutar en la praxis los términos como independencia, libertad, ciudadanía, derechos, entre otros.

Jurgen Habermas, Ferdinand De Saussure y el mismo Noam Chomsky hablaban directa e indirectamente por medio de sus teorías, escritos académicos e investigativos, precisamente de la gran importancia del lenguaje en un contexto, de la interpretación y de la facultad critica del lenguaje en una sociedad determinada y de los alcances de esta en el desarrollo y progreso de los pueblos y la comunicación. Se podría afirmar que sin lenguaje, palabras y las narrativas de la misma, los individuos y la sociedad quedan en un orden del desconocimiento, de la invisibilidad y de la negación.

Esa tal negación, invisibilidad y desconocimiento infortunadamente la estamos viviendo hoy en nuestro país en primera persona, debido a varias noticias, entre esas dos, que encarnan la vergüenza y la deslegitimación del proceso de paz, y por ende de las políticas públicas a favor de esta por parte del gobierno de turno de la ultraderecha de Iván Duque, ya que por un lado se pudo evidenciar la estrategia de este en materia de políticas en su plan nacional de desarrollo PND, donde en sus más de cien páginas de manera descarada y desconociendo resultados y lo pactado en el proceso de paz, dejan ver su negación a esta, su inconformismo y su política clara de su jefe político. Una política basada en el miedo, en la guerra, en la intimidación y en la desigualdad.

En ese plan que esta en este momento en el congreso para su aprobación, se pudo observar la eliminación de la narrativa, lenguaje y comunicación de forma y contenido claro de todo lo que acarree o conlleve la palabra paz, siendo esta reemplazada por el termino: legalidad de Duque o también la eliminación del termino reforma rural integral, entre otras. Todas estas aberraciones con la verdad, la justicia y las victimas quedaron reemplazadas por un plan de gobierno que en su introducción se enarbolo en mostrar su fanatismo con la política de guerra y su famosa seguridad democrática, a la cual nos acostumbramos desde el gobierno del innombrable.

Otra de las noticias que hoy hacen también eco, es la ya esperada objeción de la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la paz JEP, corazón de los acuerdos y responsable de impartir justicia y verdad del conflicto. Este gobierno, sin argumentos de fondo, y más bien con odios y triquiñuelas políticas, objeto seis nociones claves de esta ley, ley que necesita de la aprobación del ejecutivo para seguir en sus objetivos en un proceso de paz que cada vez más agoniza.

Con claridad podemos ver como este gobierno, el gobierno del miedo, de la guerra y de la desigualdad, logra socavar la importancia no solo del lenguaje y la narrativa de la paz, sino que también logra hacerla trizas a como dé lugar, usando medios ´´legales’’, pero moralmente ilícitos. Las palabras tienen poder, y esto lo sabe muy bien Duque, por esto desde que asumió el cargo ha tratado de que estas dejen de tenerlo, sobre todo aquellas que tengan tintes de tranquilidad, ese término que en Colombia ha sido tan esquivo, gracias a aquellos viles grupos, y fundamentalmente a aquellos viles gobiernos que elegimos cada cuatro años, pero que en su forma siempre han sido lo mismo. Defendamos la paz, defendamos la JEP, defendamos la tranquilidad de sus hijos y nietos, pero fundamentalmente defendamos las palabras y ante todo la vida.  
La importancia de las palabras, su narrativa y su lenguaje hacen formar las comunidades y por ende la comunicación. Infortunadamente el gobierno Duque a tratado a como de lugar de socavar esa importancia, sobre todo de la palabra PAZ

OPINEMOS X7


COLOMBIANOS: A PESAR DE TODO, NO RETORNEMOS O SIGAMOS AL PASADO.
Por; Fabián Fonseca

Hace ya algún tiempo leí un libro llamado ‘’Retrotopia’’ (2017) una obra póstuma del ya desaparecido sociólogo polaco y premio Príncipe de Asturias, Zygmunt Bauman. En este libro el autor logro sintetizar y denominar bajo el termino (Retrotopia) aquellas negativas  prácticas políticas y sociales, que a pesar de que hace tiempo debieron caducar y desaparecer por sus evidentes y nocivas consecuencias, infortunadamente al día de hoy todavía siguen vigentes y haciendo de las suyas en las diferentes sociedades, donde inhumanamente se replican, como por ejemplo el fenómeno global de la desigualdad y la violencia. Es precisamente mientras leía el capítulo destinado por el autor para describir y entender esos fenómenos, me llamo la atención un aparte que decía;…´´Algunos de nosotros sacamos ánimos para mantener la esperanza de que estén pronto por llegar nuevos y más prometedores comienzos para todos. Otros, desencantados de cualquier esperanza, exasperados y adictos a la frustración, invierten sus aspiraciones en retornar al pasado´´ (2017, pg. 119)

Es evidente, así como lo postulaba el anterior aparte, que nuestros tiempos son altamente hostiles, desesperanzadores, desmotivantes y agobiantes, esos que logran crear una bruma de incertidumbre a los improbables futuros, y a los dificultosos presentes, incitando a un descontento casi generalizado por parte de los que tienen que sufrir en primera persona los calvarios, fenómenos y problemáticas que les aquejan, permitiendo a la vez que se genere un punto de retorno o permanencia al pasado, ese que no precisamente era mejor que su frustrante presente.

Infortunadamente muchos colombianos se están volviendo adictos a la frustración, y no es para menos, ya que al ver y vivir en carne propia tantas y juntas dificultades, lo único que se le pasa a la cabeza a cualquier ser humano, es: desfallecer, renunciar, abdicar, fomentando con si la imposibilidad de salir adelante, de intentar, de lograr acariciar la resiliencia, esta entendida como la capacidad de afrontar la adversidad y lograr superar las tragedias o dificultades que se estén pasando. Soy consciente y realista de que a pesar de que somos unos de los países más desiguales del mundo, con la tasa más alta de desempleo de América Latina, con el índice más alto de trabajo informal, con más medio millón de jóvenes entre los 15-24 años sin empleo y con un país que se podría definir sin oportunidades, creo que debemos procurar, o por lo menos intentar no desfallecer.

Necesitamos de un pueblo, que a pesar de todo, siga adelante, un pueblo que no retorne sobre todo a ese pasado oscuro que argumenta, legitima y justifica la violencia como medio para salir supuestamente de sus otros históricos problemas, esos que co-ayudan a seguir perpetuando los diversos actores armados y diversos actores políticos. Es preciso reconocer que uno de los otros fenómenos que vivieron los colombianos, como lo es la violencia y sus conflictos, y que tuvieron que afrontar de primera mano, y no desde la comodidad de los sofás en la ciudad, como de seguro la vivimos ustedes y yo, desde la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC, disminuyeron. Lo anterior demostrado por cifras y estadísticas gubernamentales y no gubernamentales que han dado fe y esperanza, y por obviedad, sobre todo a las víctimas, que gritan y claman no regresar a ese pasado, donde tras de que tampoco tenían oportunidades laborales, también tenían que sufrir la inclemencia de la guerra, esa que es necesaria para poder estudiar, trabajar, poner empresa y sentir tranquilidad, un bien que debería ser considerado un derecho, pero que en Colombia ha sido más bien un privilegio para unos, sobre todo para los políticos que defienden la violencia por cualquier medio, para los que pueden pagar por seguridad y para los que viven en las grandes ciudades, esos que a la vez siguen fanáticamente defendiendo las dañinas políticas de unos eternos políticos que se han proclamados como defensores de la falacia Agustiniana de la ´´guerra justa´´

El premio Nobel de economía Amartya Sen decía parafraseándolo, que de nada servía tener un país con tasas de crecimiento económico, laboral y educativo, si en ese sus habitantes estaban en constante actos de violencia y sin posibilidad alguna de hallar tranquilidad (1999). Colombianos sabemos que nuestros actuales y venideros tiempos están a la orden de la incertidumbre, pero por nada del mundo permitamos que la ceguera, el fanatismo y las artimañas políticas nos lleven nuevamente a ese pasado, un pasado donde también no había trabajo, oportunidades, buena educación, buena salud, pero descaradamente tampoco había la posibilidad al derecho de vivir, y así luchar para salir delante de aquellos otros males que al día de hoy nos siguen asechando.

OPINEMOS X6


COLOMBIA: EL PAIS DONDE TE AYUDAN A SER MAS POBRE
Por; Fabián Andrés Fonseca.

El economista Hindú y premio Nobel de economía Amartya Sen refería que la pobreza era aquella condición que hace carecer de ingresos suficientes para poder desarrollar determinadas funciones básicas dentro de una sociedad y contexto determinado. No es de desconocer, partiendo de ese argumento de autoridad, que la pobreza no se puede cuantificar con meros datos cuantitativos, sino que este fenómeno debe ser estudiado desde varias aristas, dimensiones, y fundamentalmente desde cada necesidad de una sociedad en particular.

Así como la pobreza debe ser estudiada desde una visión y perspectiva amplia, sin reduccionismos, y enfocada según el contexto, también esta debe hacer que se supere, que por lo menos se busque acariciar la oportunidad de salir de sus garras, esas que generan el deterioro de la humanidad, así como de su loable dignidad. Sin embargo, infortunadamente y para sorpresa de algunos, existen sociedades, en donde sus Estados y gobiernos descaradamente buscan y tratan a como dé lugar seguir perpetrando, radicalizando y ´´argumentando´´ injustificadamente el fenómeno de la pobreza, y refiero ´´argumentando´´ : porque muchos de esos viles Estados y gobiernos, fomentan y diseñan miles de artimañas económicas, tales tituladas como reformas, leyes y paquetes económicos, que los hacen pasar como ´´necesarios´´ para fomentar la supuesta estabilidad y orden de sus mezquinas y desiguales economías, sabiendo que lo que están justificando, es que se siga perpetrando de generación en generación la pobreza, sobre todo para los que nunca han tenido las oportunidades y han estado históricamente anclados en esta, no porque lo desearan, sino porque la adquirieron a la fuerza e indirectamente obligados.
Un ejemplo claro de uno de esos Estados y gobiernos que justifican la pobreza y diseñan planes para seguir socavando este fenómeno socioeconómico, es Colombia, el país donde te ayudan a ser más pobre. Muchos estarán preguntándose, ¿por qué hago tan temeraria acusación? Pues, como más se podría referir a aquel país donde sus gobernantes y dirigentes políticos y técnicos, de manera casi incesante, por no decir que histórica, han sido aquellos principales culpables de que la sociedad colombiana sea una de las terceras más desiguales del mundo según el índice de Gini del Banco Mundial, sea según la OCDE el país donde su pueblo tendría que esperar once generaciones para salir de la pobreza, y que sea aquel país donde a razón de la OIT es uno de las sociedades del mundo con más empleo informal, entre otras aberraciones.

Creo que mientras estos gobiernos sigan empleando sus ´´espectaculares´´ formulas económicas, y se siga impartiendo decisiones como la de acabar o disminuir subsidios a los más pobres, aumentar el valor del transporte público, la edad de jubilación y del IVA, seguiremos seguramente siendo el país de la falta de oportunidades, el de la desigualdad, el de la dependencia, el del abandono de Estado, y donde progresivamente la corrupción, los contratos por prestación de servicios y la pobreza harán de las suyas, en aquel país donde su ministro de economía, su clase política y el director del DANE consideran que los pobres son de clase media, los de clase media son ricos y los ricos son aquellos que no se les puede exigir ni pedir más tributos, ya que posiblemente les pueden dar una rabieta económica y una desmotivación para seguir invirtiendo en el país donde menos tributan, y donde siempre han sido los grandes beneficiarios de una economía de clases, paupérrima y descaradamente desigual. En todas las sociedades del mundo hay pobreza, la diferencia con Colombia, es que aquí buscan que lo sigas siendo.




OPINEMOS X5


COLOMBIA: EL PAÍS DE LOS BORRACHOS
A propósito de la polémica suscitada por el supuesto aumento de IVA a bebidas gaseosas y alcohólicas por parte del gobierno.

Es muy peculiar en nosotros los colombianos celebrar cuanta fiesta halla, tan peculiar es, que un colombiano se diferenciaría de cualquier otro ciudadano del mundo cuando se habla de celebraciones. Ya hasta creo que en nuestros genes está incorporado un sistema muy bien estructurado que nos incita y lleva, como muy bien dice el dicho a ‘botar la casa por la ventana´´.
Es también muy recurrente en el colombiano promedio tener un discurso y jerga que lleva a darle razón y lógica a la fiesta, a la celebración o al agasajo, tanto es así que aunque halla escases o ausencia  de dinero, la gran mayoría hace todo lo que sea necesario para conseguir patrocinador, endeudándose, empeñando o simplemente descompletando lo que ya tenía separado para otros fines no tan divertidos, sino más bien  necesarios.

Celebramos de todo, las oportunidades son variadas, la oferta y la demanda están muy bien equilibradas, y sobre todo la disposición de los colombianos es más que un hecho, por ende los cumpleaños, los aniversarios, los bautizos, las primeras comuniones, las confirmaciones, los casorios, los grados, la bienvenida, la despedida, el nacimiento y hasta el fallecimiento, son y serán motivo de la reunión, de la fiesta, o para ser más humilde, del compartir. Creo que hasta ese ´´compartir´´ fue creado sin intención o sin querer queriendo por la misma religión, ya que si nos ponemos a pensar la mayoría de celebraciones o fiestas están derivadas de un hecho o motivo religioso, lo que lleva a pensar que las incoherencias y lo ilógico en Colombia son muy  probables.
Pero muchos se pondrán a pensar ¿dónde está lo malo o negativo que el país sea tan amigable, ameno y amante a las celebraciones?, y más cuando cada vez es  ´´necesario ‘debido a que el mundo en la actualidad  es más hostil, frio, individualista y menos humano, donde ya en varias sociedades las fiestas o celebraciones pasan a un segundo plano, dando a entender o interpretar que estos son menos humanos o que carecen de nociones de comunidad, integración o amistad, aunque yo dudo mucho de esa pasionaria afirmación.

Sin embargo este artículo no trata de desacreditar la importancia de la fiesta o la celebración, ya que creo que no tiene nada de malo, más bien la veo como una oportunidad antropológica para conocer la sociedad colombiana, para hacer diagnósticos etnográficos y culturales de lo que podríamos ser, y sobre todo dar base investigativa para realmente entendernos en nuestros fenómenos y problemáticas que nos hacen tener peculiaridades que posiblemente no  merecen de orgullo, sino más bien de  autocrítica, esa que nos hace mucha falta como sociedad. Este artículo quiere es hacer una crítica a ese país borracho, como muy bien dice el título de este escrito, ya que gracias a que nos hemos creído autoridad o justificación en el mundo para ser el embajador de las fiestas, nos hemos convertido en un país, sin llegar a exagerar, en alcohólico y coloquialmente,  en borracho.

Ese país borracho y alcohólico donde por ejemplo ser abstemio (persona que no consume bebidas alcohólicas) es sinónimo de aburrido, de agazapado, de dormido y de hasta tonto, donde fiesta sin licor no es fiesta, donde celebración sin borrachos, no es diversión, donde el centro de atención y el regalo más preciado de cualquier ocasión debe ser una botella, una canasta y el exceso de cervezas, donde esta para muchos es la base que gira el centro de la reunión, del compartir o de lo que muy bien sabemos los colombianos, la fiesta. Tanto es nuestro padecimiento, que la sobriedad de algunos abstemios es vista como rareza, asombro y hasta critica, donde ya prácticamente nos hemos convertido en una sociedad con patologías del alcohólico, de ese que crea un lazo de necesidad y ansiedad por ingerir licor, donde este no tiene control de sus límites de consumo, y donde posiblemente lo lleva a convertirlo en un ente enfermo que debe ser tratado.

Es tan preocupante que el hecho de ser un alcohólico o borracho en Colombia es visto como algo normal, como una actividad legal y hasta ´´necesaria´´, volviendo al trago como la insignia o sello personal de la sociedad colombiana, naturalizando y relacionando el hecho de ingerir bebidas alcohólicas como un medio para obtener felicidad, amigos, superioridad y hasta amores, donde muchos ahogan equivocadamente sus penas, alegrías y hasta su supuesta personalidad en el acto excesivo de beber y beber, llevando  al filo su humanidad, su decoro y su integridad y la integridad de los demás, ya que en muchas ocasiones la enfermedad y el exceso daña la razón, la tolerancia y el respeto por los otros, por la sociedad, incitando a la violencia, a la intolerancia, a la riña, a la violación de todo, al accidente de tránsito y hasta la muerte.

Para muchos será exagerado todo, aunque recuerdo que no estoy en contra de las celebraciones, lo que si estoy criticando y enviando este mensaje, es para repensar los excesos como sociedad, esos excesos que cada vez nos convierten en un pueblo muy peculiar, donde esa peculiaridad no es motivo de orgullo, sino de vergüenza, esa vergüenza que ya poco nos queda, ya que como anteriormente dije todo lo naturalizamos o normalizamos, y lo convertimos  como una necesidad o una práctica común cultural, de seguro para no sentirnos mal o disimular nuestra penosa enfermedad.

Una enfermedad que según Euromonitor International en un informe del año 2017, Colombia es el quinto país de la región en consumo per cápita de alcohol, donde según proyecciones ese consumo progresivamente tiende a crecer. Otro dato de ese mismo informe señala que al año un colombiano gasta más de 800.000 mil pesos en bebidas alcohólicas.  Este dato es igual o más  preocupante que el emitido por la Universidad Externado y la Universidad Nacional (2017) donde refiere que los jóvenes universitarios gastan más dinero en ocio, que en comida o textos académicos durante su carrera, especialmente en los últimos semestres, y finalmente y para mí, el más preocupante de todos, desarrollado por la organización Nuevos Rumbos en asocio con Bavaria, en el segundo estudio de consumo de alcohol, evidencia que la edad en la que los jóvenes empiezan a ingerir alcohol es cada vez menor, donde según este informe es en la edad promedio de 12 años, con mayor tendencia en hombres en un 16% y en mujeres un 12%.

Finalmente, y partiendo de esos datos cabe pensar que si es posible que tengamos una enfermedad muy grave, ya que hasta ni los menores de edad se salvan de una patología que la han hecho creer justa y necesaria, y hasta naturalmente propia y nuestra, donde cada vez más la vemos como muestra de orgullo y familiaridad, sabiendo que lo que nos esta es convirtiendo en un pueblo borracho, que hoy le preocupa que le suban el IVA, ya         que de seguro es más importante la cerveza que une a los amigos, como dice el comercial, que el decoro y la tranquilidad de no ser un pueblo de excesos, padecimientos y enfermedades que carcomen hasta a nuestros jóvenes.

OPINEMOS X4


COLOMBIA EL PAÍS ABSURDAMENTE FANÁTICO
A propósito de los últimos acontecimientos violentos en nuestro país

Hace ya varios días, el mundo conoció la triste noticia de la fatídica muerte del  escritor israelí Amos Oz, férreo defensor de una salida negociada y pacífica al inhumano conflicto Israelo-Palestino que vive su país hace más de cincuenta años. Ganador de innumerables reconocimientos como; el Premio Príncipe de Asturias de las letras, la legión de honor francesa, el premio Franz Kafka, entre otros. Entre sus mayores obras se destacan; Una historia de amor y oscuridad, Judas y Contra el Fanatismo. Es preciso que esta última obra le valiera el título del hombre de la conciencia, ya que logro sintetizar su desacuerdo con las acciones violentas, gracias como él decía, a  los fanatismos políticos, y sobre todo religiosos, tanto de los palestinos como de los israelíes. Oz consideraba que lo más sensato era dividir la casa común en dos, es decir, el territorio disputado por estas dos naciones (península del Sinaí), ya que por lo visto  ninguna de las dos partes iba a ceder en sus pretensiones, sino más bien iban a seguir fomentando el creciente y dañino ´´Gen del mal´´ aquel termino que se resume como el fanatismo que envuelve de irracionalidad ha generación en generación, sin posibilidad alguna de salirse, ya que queda intrínsecamente incorporada, generando equivocamente un sentido de identidad y propiedad a todo el que esta posee.

Partiendo de lo anterior, valdría la pena  hacernos como colombianos esta inquietante pregunta; ¿Colombia podría ser el mejor estudio de campo y caso para lograr evidenciar ese fanatismo que muy bien expuso Oz en su obra? algunos extranjeros dirán probablemente sí, por el contrario, la mayoría de nosotros los colombianos, como normalmente nunca aceptamos, ni reconocemos y mucho menos nos gusta la autocrítica, probablemente diremos que no. Creo que ese posible no, resume y sintetiza, y por ende da argumento para afirmar que si somos un país fanático, y aún más, que tenemos también ese ´´gen del mal´´ que justificaba muy bien Oz. Una de las principales características de los fanáticos es la negación de todo, nunca reconocen el problema que tienen en su ser, y lo más triste es que optan por echar e indilgar culpas o responsabilidades a otros, a sus disidentes y opositores. Considero, con mínimas posibilidades de equivocarme, que lamentablemente somos un país fanático, somos aquel mejor lugar como refería la pregunta, para ser campo y caso para el estudio de un fenómeno histórico y desastroso que carcome la posibilidad de discernir, es decir, la posibilidad de pensar y razonar, un fenómeno que garantiza los ´´argumentos´´ del odio, carente de alguna sensata ideología y auspiciador de la violencia en todas sus formas, tipos y expresiones.
Colombia es el mejor espacio para entender ¿Qué es el fanatismo? Llevamos más doscientos años de historia republicana matando, secuestrando, violando, exiliando, desplazando, atentando, amenazando y discriminando, a todo aquel que piensa, profesa o manifiesta una opinión o ideología diferente a la impuesta o deseada por unos, sobre todo, por aquellos cancerígenos personajes que vociferan odio, viven de la guerra y necesitan de aquellos individuos y tardíamente ciudadanos, para lograr que su programa y partido político del odio y venganza prospere. Desastrosamente vivimos en un país creado para la hostilidad y el miedo, pero súbitamente alimentado por el fanatismo que produce las ansias de imponer a la fuerza y sin razón alguna una visión retardataria y anacrónica de nuestro país, de ese país que día a día ve como gracias a esa guerra fanática, se mueren vilmente aquellos inocentes que fueron objeto de nuestra innegable y desafortunada realidad, esa que creamos nosotros mismos, ya que fuimos nosotros que dejamos irónica y absurdamente dejar entrar a aquellos carroñeros y mortecinos males que hoy nos aquejan. 

No se podría desconocer también, que esos males han sido reproducidos, gracias a nuestro incesable acto irresponsable de formar hijos sin conciencia y responsabilidad ciudadana, esos que históricamente, así como nosotros, seguirán reproduciendo perfectamente el modelo fanático que nos impusieron, ese modelo que hace que cada cuatro años sigamos eligiendo a los mismos, ese que hace que le tengamos miedo al cambio y a la trasformación, ese que hace que pensemos al diferente como el enemigo, ese que hace de nuestro país el mejor caldo de cultivo para las desigualdades, ese que contribuye a que se nieguen los derechos de los opuestos, ese que hace que nos mantengamos en un estado pasivo e inerte y ese que hace que seamos el país del ´´gen del mal’’ y del fanatismo.

No cabe duda alguna que Colombia necesita y le urge una trasformación de sus estructuras sociales y culturales, que genere de una vez por todas nuestra mayoría de edad, esa necesaria para poder pensar y razonar por nosotros mismos, y que hace llevar  a la fecunda Ilustración, esa que muy bien nos manifestó Kant, y que ahora más que nunca la reclama un pueblo olvidado, masacrado, violentando y secuestrado por el político, partido, secta, banda, pandilla y organización licita e ilícita el cual absurdamente pertenece. Finalmente cabe repensar y manifestar una autocrítica como colombianos, esa que acepte y no niegue, esa que permita que este país no sea de unitarismos, sino de diferentes, esos que hacen en el respeto y el derecho la posibilidad de controvertir sin balas, odios, ni venganza, pero si con argumentos y palabras, esas que el viento y las balas hace mucho tiempo en Colombia se llevó.