FLORES
COLOMBIANAS: EL REGALO PARA UNOS Y LA EXPLOTACIÓN PARA OTROS
A
propósito del día de San Valentín que se celebrara este 14 de febrero en más de
15 países alrededor del mundo, y donde Colombia exportara cerca de 600 millones
de flores este año.
No es de desconocer que
el mercado de la exportación y producción de flores en el país es un gran
negocio, sobre todo para las pocas empresas que tienen acaparado este sector.
Es que según la asociación gremial de los floricultores (Asolcolflores) la
exportación de este producto llega a más de cien países del mundo, con más
250.000 toneladas de flores en el cargamento de exportación anual, en el último
año este sector creció 5.1%, y en 2017 se exportaron cerca de 1.400 millones de
dólares, todos estos datos argumentando la segunda posición de Colombia a nivel
mundial de producción y exportación de flores, por detrás de Países Bajos. Como
todo negocio siempre hay altibajos y crisis, pero partiendo de los anteriores
datos, y en términos de rentabilidad, este sector es al que mejor le va, sobre
todo a aquellos empresarios que ven en un detalle, como las flores, el mejor
lucro para sus ambiciosas y loables pretensiones.
Sin embargo, y a pesar
de que este sector crezca, sea competitivo y rentable en términos económicos
para unos, no necesariamente lo es para todos, ese (todos) entendido a aquellos
trabajadores, sobre todo mujeres que hacen parte de la fuerza laboral de esas
empresas y del sector floricultor del país, esos trabajadores que se encargan
prácticamente de todo el proceso de producción de este digno producto, pero que
infortunadamente se ha convirtió en un sector un tanto coqueto con la
explotación, esta entendida como aquella instancia que prima el lucro, por
encima de la humanidad, esa que se ciega ante las necesidades del trabajador,
esa que niega el derecho a la dignidad y sobre todo a ese que le encanta el
discurso del salario mínimo, la eliminación de las horas extras, el aumento de
la edad de jubilación, la extensión de las ocho horas y la alienación social,
todas aquellas peligrosas propuestas de la derecha y sus políticos de turno, y
donde Colombia muy bien se acostumbró.
Según el informe de
(Asocolflores) el sector genera alrededor de 140.000 empleos directos, donde
cerca del 64% son mujeres, sobre todo cabezas de familia, además de 18.000
empleos indirectos claves y necesarios para el proceso de este producto, no
obstante, más allá de estas cifras, que pueden ser ciertas, no necesariamente
la cantidad es reflejo de calidad laboral, y donde en Colombia poco de eso hay.
Revisando varios
portales web y bolsas de empleo, que resultan, en algunos casos siendo las
intermediarias en la adquisición de un empleo para los que lo necesitan, en
este sector: (sobre todo mujeres, campesinos y jóvenes) evidencie, que por un
lado en las publicitadas ofertas, unas empresas ofrecen trabajos como operarios
y supervisores de cultivo, con una asignación salarial de menos del salario
mínimo legal vigente para este año (828.116), con horarios que oscilan a más de
ocho horas, sin seguridad social y lo requerido por la ley (salud, pensión,
cesantías), otras tienen ese contrato de la esclavitud, el llamado por
prestación de servicios, otros imponen a sus trabajadores llegar desde las tres
de la mañana y salir al medio de día, eso sin contar que para estas fechas el
horario, la carga y en muchos casos la explotación es más recurrente, ya que
llega la temporada donde el amor se convierte en objeto del mercado y donde
muchas o muchos esperan que con unas flores se compruebe este sentimiento, que para
mí va más allá de aquellos pétalos de decoración de cementerios.
En el año 2014 la
Asociación Paz con Dignidad y su investigadora Erika González publicaron un
informe titulado: ‘’Las mujeres en la industria colombiana de las flores’’,
donde en este vislumbraba todo el negocio mundial de las flores y sus efectos
en la economía de Colombia, pasando por los derechos y la dignidad de sus
humildes y nobles trabajadores, sobre todo de campesinos y madres cabeza de
familia, especialmente de las zonas de sabana, que han sido víctimas de un
sistema de tratados de libre comercio, el neoliberalismo y la precarización de
los puestos de trabajo, esos que según este mismo informe, llevan a la
indignidad, desigualdad de género, explotación laboral, alienación social y humillación
por ser parte de aquel trabajo que no hace firmar contrato y así escatimar
gastos que la misma ley le exige tener.
No cabe la menor duda
que debe haber empresas en este sector que respete la ley, dignifique el trabajo
de sus empleados y ante todo haga primar la calidad humana por encima de un
negocio redondo que ha dejado ciego a más de un lobo empresario, esos que
consideran el discurso del trabajo digno como una simple pataleta de la
izquierda, sabiendo que la dignidad humana no tiene partido o ideología
política, y es más bien una necesidad obligatoria de todos y para todos. Sin
trabajadores no hay empresa y sin empresarios no hay trabajadores, todos
dependemos de todos, pero no a cualquier precio. Debemos procurar que el
trabajador tenga las garantías, la calidad y la dignidad laboral que exalte su
humanidad, y así evitar que mientras usted recibe una flor como regalo, otros
tengan que sentir el golpe de los pétalos de la explotación a su labor.