DUQUE
Y SU PRIMERA MASACRE: LAS PALABRAS TIENEN PODER
A
propósito de la objeción de la ley estatutaria de la JEP por parte del
gobierno, y del nuevo plan nacional de desarrollo que poco o nada habla de la
paz.
Es realmente importante
reconocer en la historia la relevancia del lenguaje y las palabras como
fundamento real y tácito del proceso de construcción y comunicación humana,
donde gracias a esa comunicación expresada en el lenguaje, su narrativa y sus
palabras, lograron darle identidad, apropiación y sentido a las comunidades. Un
ejemplo claro de lo anterior sucedió con nuestros indígenas y minorías de la
época de la independencia, cuando estos, y gracias a sus luchas pudieron
acceder a aquel lenguaje que había sido convertido en un privilegio para los
que ostentaban y malversaban el poder, y que estos no entendían, ni mucho menos
conocían, ya que nunca habían tenido el gusto de saborearlo, y por ende
disfrutar en la praxis los términos como independencia, libertad, ciudadanía,
derechos, entre otros.
Jurgen Habermas,
Ferdinand De Saussure y el mismo Noam Chomsky hablaban directa e indirectamente
por medio de sus teorías, escritos académicos e investigativos, precisamente de
la gran importancia del lenguaje en un contexto, de la interpretación y de la
facultad critica del lenguaje en una sociedad determinada y de los alcances de
esta en el desarrollo y progreso de los pueblos y la comunicación. Se podría
afirmar que sin lenguaje, palabras y las narrativas de la misma, los individuos
y la sociedad quedan en un orden del desconocimiento, de la invisibilidad y de
la negación.
Esa tal negación, invisibilidad
y desconocimiento infortunadamente la estamos viviendo hoy en nuestro país en
primera persona, debido a varias noticias, entre esas dos, que encarnan la
vergüenza y la deslegitimación del proceso de paz, y por ende de las políticas
públicas a favor de esta por parte del gobierno de turno de la ultraderecha de
Iván Duque, ya que por un lado se pudo evidenciar la estrategia de este en
materia de políticas en su plan nacional de desarrollo PND, donde en sus más de
cien páginas de manera descarada y desconociendo resultados y lo pactado en el
proceso de paz, dejan ver su negación a esta, su inconformismo y su política
clara de su jefe político. Una política basada en el miedo, en la guerra, en la
intimidación y en la desigualdad.
En ese plan que esta en
este momento en el congreso para su aprobación, se pudo observar la eliminación
de la narrativa, lenguaje y comunicación de forma y contenido claro de todo lo
que acarree o conlleve la palabra paz,
siendo esta reemplazada por el termino: legalidad
de Duque o también la eliminación del termino reforma rural integral, entre otras. Todas estas aberraciones con
la verdad, la justicia y las victimas quedaron reemplazadas por un plan de
gobierno que en su introducción se enarbolo en mostrar su fanatismo con la
política de guerra y su famosa seguridad
democrática, a la cual nos acostumbramos desde el gobierno del innombrable.
Otra de las noticias
que hoy hacen también eco, es la ya esperada objeción de la ley estatutaria de
la Jurisdicción Especial para la paz JEP, corazón de los acuerdos y responsable
de impartir justicia y verdad del conflicto. Este gobierno, sin argumentos de
fondo, y más bien con odios y triquiñuelas políticas, objeto seis nociones
claves de esta ley, ley que necesita de la aprobación del ejecutivo para seguir
en sus objetivos en un proceso de paz que cada vez más agoniza.
Con claridad podemos
ver como este gobierno, el gobierno del miedo, de la guerra y de la
desigualdad, logra socavar la importancia no solo del lenguaje y la narrativa
de la paz, sino que también logra hacerla trizas a como dé lugar, usando medios
´´legales’’, pero moralmente ilícitos. Las palabras tienen poder, y esto lo
sabe muy bien Duque, por esto desde que asumió el cargo ha tratado de que estas
dejen de tenerlo, sobre todo aquellas que tengan tintes de tranquilidad, ese
término que en Colombia ha sido tan esquivo, gracias a aquellos viles grupos, y
fundamentalmente a aquellos viles gobiernos que elegimos cada cuatro años, pero
que en su forma siempre han sido lo mismo. Defendamos la paz, defendamos la
JEP, defendamos la tranquilidad de sus hijos y nietos, pero fundamentalmente
defendamos las palabras y ante todo la vida.
La importancia de las
palabras, su narrativa y su lenguaje hacen formar las comunidades y por ende la
comunicación. Infortunadamente el gobierno Duque a tratado a como de lugar de
socavar esa importancia, sobre todo de la palabra PAZ
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